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Equipos y tratamiento

Cloro o sal: qué conviene a una piscina en Sevilla

La pregunta se hace mal. No es «cloro o sal»: la electrólisis salina es un sistema que fabrica cloro a partir de sal, dentro de la propia instalación. La decisión real es dónde quiere que se produzca el desinfectante y qué mantenimiento está dispuesto a asumir.

Por Jonatas Sampaio, CEO y Director Técnico 10 min de lectura

El malentendido de partida

Mucha gente contrata una electrólisis salina convencida de que pasa a tener «una piscina sin cloro». No es así, y conviene saberlo antes de firmar, porque de ese malentendido salen las decepciones.

Una piscina salina desinfecta con cloro. La diferencia está en el origen: en vez de comprarlo en garrafas o pastillas, un equipo lo genera a partir de la sal disuelta en el agua. El desinfectante que mata las bacterias en el vaso es el mismo compuesto químico en los dos casos. Lo que cambia es la logística, el coste a lo largo del tiempo y el tipo de mantenimiento.

Quien quiere de verdad una piscina sin cloro está buscando otra cosa (bromo, ozono o ultravioleta como apoyo), y ahí hay que hablar con cuidado, porque en piscina de uso colectivo la normativa sanitaria exige un desinfectante con efecto residual medible en el vaso, no solo un tratamiento en el circuito. Para una piscina de comunidad, eso acota mucho las opciones.

Cómo funciona la electrólisis salina

Se añade sal al agua hasta una concentración de unos pocos gramos por litro: bastante menos que el agua del mar, suficiente para que el agua conduzca la corriente. El agua pasa por una célula con placas de titanio recubiertas; al aplicar corriente continua, el cloruro de la sal se transforma en cloro, que desinfecta y después vuelve a cloruro. El ciclo se repite.

De ahí salen las dos virtudes reales del sistema. La primera: la sal no se consume, solo se pierde con el agua que se va (contralavados, salpicaduras, vaciados parciales), así que se repone poco. La segunda: el cloro se produce de forma continua mientras la bomba funciona, lo que da una dosificación más estable que la de echar producto dos veces por semana.

Y de ahí salen también sus exigencias, que es lo que no suele contarse:

  • Sin filtración no hay desinfección. La célula solo produce con la bomba en marcha. Si se recortan las horas de bomba para ahorrar luz, se recorta el cloro en la misma proporción.
  • El pH sube por diseño. El proceso tiende a elevar el pH del agua. Una salina sin regulación automática de pH acaba, casi sin excepción, en agua a pH 8 y los problemas descritos en el artículo sobre el agua verde. La bomba dosificadora de corrector no es un extra opcional: es parte del sistema.
  • La célula se incrusta y se gasta. Hay que limpiarla de cal y, pasados unos años de uso, sustituirla. Es la partida de repuesto más importante del sistema.
  • La sal es corrosiva. Con agua salina, los elementos metálicos del entorno (escaleras, tornillería, focos, barandillas, elementos de acero cercanos) sufren más si no son de material adecuado.

Comparación honesta, punto por punto

Comparación entre cloración manual y electrólisis salina
 Cloro (manual o dosificador)Electrólisis salina
Inversión inicialBaja. Un dosificador sencillo, o nada.Alta. Equipo, célula, instalación eléctrica y regulación de pH.
Gasto corrienteProducto cada temporada, de forma continua.Poca sal, más electricidad; repuesto de célula cada varios años.
Estabilidad del desinfectanteDepende de la constancia de quien dosifica.Mejor: producción continua mientras filtra.
Dependencia de la filtraciónMedia.Total: sin bomba no hay cloro.
Efecto sobre el pHSegún el producto; el tricloro lo baja.Lo sube siempre. Exige corrección.
Ácido cianúricoSe acumula si se usan pastillas de tricloro.No se acumula: hay que añadirlo aparte y controlarlo.
Agua dura y calProblema del vaso y del filtro.Problema también de la célula, que se incrusta.
Avería que deja la piscina sin tratarDifícil: siempre se puede dosificar a mano.Sí: si cae la célula o la fuente, hay que clorar manualmente mientras se repara.
LogísticaAlmacenar y manejar producto químico.Sacos de sal un par de veces al año.

Sobre la pregunta inevitable de «cuál sale más barato»: la electrólisis salina tiene una inversión inicial clara y un gasto corriente menor, de modo que se amortiza a lo largo de varias temporadas. Dónde está exactamente ese punto depende del volumen del vaso, del precio de la electricidad, de las horas de filtración y de la vida que dé la célula en su agua concreta. Cualquiera que le dé un plazo exacto sin haber visto la instalación se lo está inventando. Lo que sí podemos hacer es calcularlo con los datos de su piscina.

El factor local: el agua del Aljarafe

Esta es la parte que no aparece en los folletos de los fabricantes y que en esta comarca decide bastante.

El agua de abastecimiento de Sevilla y del Aljarafe es de dureza media-alta: lleva calcio y magnesio disueltos. En una piscina al sol, el agua se evapora y las sales se quedan, así que la dureza sube temporada tras temporada. Con dureza alta y pH alto, el carbonato de calcio precipita: es la cal del borde, la rugosidad en el gresite, el agua ligeramente turbia que no se arregla filtrando.

En una piscina salina, esa cal precipita también —y preferentemente— sobre las placas de la célula, porque es donde hay más actividad. Una célula incrustada produce menos cloro con el mismo consumo eléctrico, y acaba fallando antes. Los equipos con inversión de polaridad limpian parte de esa cal por sí solos, pero no sustituyen a la revisión periódica ni compensan un pH descontrolado.

La conclusión práctica para una piscina en Umbrete, Tomares, Bormujos o Mairena del Aljarafe: una salina en agua dura funciona bien si el pH está controlado de forma automática y la célula se revisa; y funciona mal, con un repuesto caro cada pocos años, si se instala y se olvida. La calidad del agua local pesa más en esta decisión que la marca del equipo.

«Con sal no me pican los ojos»

Es la razón por la que muchas familias se pasan a la sal, y merece una explicación precisa, porque la sensación es real pero la causa no es la que se suele contar.

El escozor de ojos, el olor fuerte «a cloro» y la piel tirante no los provoca el cloro libre bien dosificado. Los provocan las cloraminas, o cloro combinado: el resultado de la reacción del cloro con la materia orgánica que llevan los bañistas (sudor, restos de crema, orina). Es decir, el olor intenso a piscina no es señal de exceso de cloro, sino de cloro ya gastado y de agua que necesita renovación de desinfectante.

Si en una piscina salina los ojos pican menos, no es por la sal en sí: es porque la producción continua de cloro mantiene mejor el cloro libre y la cloramina se acumula menos. La misma mejora se consigue en una piscina de cloro con dosificación constante y control del cloro combinado. De hecho, el cloro combinado es uno de los siete parámetros que medimos en cada visita precisamente porque es el que explica la comodidad del baño, y es el que casi nunca se mide en una piscina particular.

Conviene ajustar también la expectativa de tacto: el agua salina a la concentración de una piscina no se nota salada al gusto como el mar, pero sí deja una sensación algo más suave en la piel. Es una preferencia personal, no un criterio sanitario.

Cuándo recomendamos cada sistema

Sin conocer la instalación no hay recomendación seria, pero estos son los criterios con los que trabajamos.

La electrólisis salina encaja cuando

  • La piscina se usa toda la temporada y la filtración está bien dimensionada y en buen estado.
  • Se instala con regulación automática de pH. Sin eso, preferimos no instalarla.
  • Hay intención de mantener la revisión de la célula, no de olvidarse del equipo.
  • El entorno del vaso no está lleno de elementos metálicos sensibles a la corrosión.
  • Se piensa en varias temporadas: es una inversión que se recupera con el tiempo, no un ahorro inmediato.

La cloración convencional encaja cuando

  • El uso es irregular o estacional, y pagar un equipo que trabaja seis semanas al año no tiene sentido.
  • Hay que priorizar la inversión en lo que de verdad falta: muchas veces el dinero rinde mucho más en una bomba correcta o una carga de filtro nueva que en una salina montada sobre una filtración deficiente.
  • Se busca la máxima simplicidad de reparación, sin componentes electrónicos críticos.
  • La piscina es de comunidad y hay que garantizar en todo momento el nivel de desinfectante que exige la normativa sanitaria, con margen para actuar si falla un equipo.

En una comunidad de propietarios, además, el cambio de sistema no es solo técnico: es una inversión que aprueba la junta y que conviene presentar con números y con el estado real de la instalación, no con un folleto. Lo que una comunidad debería exigir antes de aprobar algo así está en este artículo sobre lo que debe exigir una comunidad.

Nuestra posición es simple: primero medimos el agua y revisamos el equipo, y después decidimos el sistema. Instalar tecnología sobre una instalación que no filtra bien es la forma más rápida de gastar dinero sin mejorar el agua.

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